dicha

James Merrill / El poeta ahogado

El poeta ahogado, horas antes de ahogarse
tenía ojos de remolino, sal en sus muñecas, y exhibía
una acuática afectación. El mar estaba enterado,
como las flores en la cabecera de una herida,
de una responsabilidad inminente,
como un imán tendióse al lado de él durante todo el día azul;
ambiguo como un pulmón.

El observaba a los buzos estudiar un elemento
familiar como las escalas para el músico,
donde nadar es una progresión de vocales largas,
una comunicación que nunca puede ser buscada,
pues en sí misma es completa: evidente como las perlas,
ligada a los acontecimientos.

Ahogarse fue la perfección de la técnica,
la palabra envolviendo su propio sentido, como el Tiempo;
como si habláramos de poemas en un poema,
o en el momento culminante en una sonata citáramos
ejercicios de digitación: un cumplido
para todo logro.

vía


Mails progresivamente ficticios from:MADRE

De: MADRE

Enviado el: 15 de agosto de 2014 02:36 p.m.

Para: Vos y todos tus hermanos

Asunto: RE: Soy donante

 

Mariana

Tema órganos y demases. Es más fácil decirle a tu familia que sos donante y confiar en nosotros, en tu marido, etc.

Puede haber algún problemas, o varios, logísticos en el momento de tu paso a la eternidad, que complicarían mucho a la familia.

Esto lo escuché de la mujer de un médico, que conoció muchos casos.

Nosotros haremos tu voluntad, como creo que todos nos respetamos.

Besosssssss, y LIBERTAD!!!!!

 

—-



De: MADRE

Enviado el: 14 de agosto de 2014 07:16 a.m.

Para: Vos y todos tus hermanos

Asunto: ¡Artículo bueno!!!

 

Chicos

¡Todavía se publican buenas noticias!

Cecilia, ¡¡¡contá con mis rezos!!! Después contanos como le fue a “el Alberto”.

Besos

 

Lunes 11 de agosto de 2014 | Publicado en edición impresa I Sociedad

Ser padres hoy: una familia numerosa diferente

“Los problemas se dividen y las alegrías se multiplican” es el lema de este matrimonio que, contra viento y marea, educó a 12 hijos, tres de ellos adoptados.

——

 

De: MADRE

Enviado el: 13 de agosto de 2014 07:37 p.m.

Para: Vos

Asunto: RV: retiro espiritual para jóvenes en Luján

 

Creo que te lo había mandado. Quizás lo quieras hacer con amigas, aunque sea dos días.

Beso

 

/flyer/

 

—-

De: MADRE

Enviado el: 3 de julio de 2014 05:24 p.m.

Para: Vos

Asunto: Fwd: retiro para secundaria y universitarias

 

María,  quizas quieras ir con amigas.

Bedo

 

/flyer/

 

—-

De: MADRE

Enviado el: 1 de junio de 2014 05:36 p.m.

Para: Vos

Asunto: RV: Teatro Marin presenta: “Nunca es tarde para cambiar”

 

María

¿Escuchaste hablar de esta obra? La recomienda el Padre Juan Carlos Hacheverry. Tiene muy buenos actores y un mensaje cristiano para jóvenes y viejos. Si queres ir, te compro entradas.

¿Venis a comer hoy?

Beso

 

—-

 

De: MADRE

Enviado el: 2 de mayo de 2014 04:26 p.m.

Para: Vos

Asunto: Re: Re: ¡Estoy bien!!!!

 

María

No me gustó el chiste que hiciste. La salsa de tomate mancha a grandes y chicos por igual.

¡Me alegro que te alegres que estoy bien!! ¡A seguir rezando!!

Comprar acelga congleda, 2

3 latas de choclo no cremoso

2 tapas de tarta

Queso crema 1

48 salchichas

20 leches desc sachet

3 aceite no mezlca

NO COMPRAR PORQUERÍAS OJO

 

Abrir electricista 8-10 am mierc-jue

 

Beso

——

De: MADRE

Enviado el: 5 de abril de 2014 02:16 p.m.

Para: Vos

Asunto: (no subject)

María

Ya sé que estabas triste, pero te tomaste toda la coca cola light qye era para el té del cumpleaños de Elvi mañana, por favor reponer.

Beso


Al jamón

Oda al jamón cocido genérico que rescato de una góndola

entre sachets fríos y transparentes de paleta.

El mismo color, la misma forma. Otra especie,

vilmente mezcladas por el vil empresariado nacional.

Al jamón de precio cuidado

y calidad librada al destino.

Sin sangre ni grasa ni huesos,

pero con otras sorpresas:

una cubierta de gelatina galáctica

un brillo tornasolado como nafta sobre el agua

un rastro rosa en el pan.

Al jamón inferior,

abandonado en la madurez

con el café instantáneo

con los chorros generosos de mayonesa

con el brillito de labios pegajoso.

¡Pero yo no te abandono!

Yo estoy hecha de jamón:

jamón de kiosco:

sánguche de almuerzo en el escritorio y migas en el teclado,

y antes jamón de vianda para el colegio: sándwich,

maná de los hijos de madres que trabajan.

Mis lágrimas de los 14 a 17 años,

el juanete de mi pie derecho,

y todo lo que sé sobre el sistema inmune

y la transubstanciación

está hecho de jamón barato.


Sin títulos

Había vidrios y ramas rotas en su boca cerrada,
la boca de una mujer de sangre espesa,
era enterrada viva
dentro de su cuerpo, adentro,
su piel era un cerco
sus ojos membranas
las manos pulpos muertos
el pecho cruz averiada.
 
(Estoy enferma tengo algo en el esternón en el medio de nuevo hay algo ahí late se retuerce y cuando explota: luz negra en los párpados)


¿No es una crueldad, dejarte morir así, solo porque es indigno, solo porque te merecés algo mejor? ¿Cómo no es amputación, arrancarte de mí, si sos mío y soy tuya? ¿No es un suicidio, prenderme fuego hasta que todo lo que me ata a vos -jirones y espasmos y gritos contenidos- se muera conmigo?


Una vez, el pueblo en el que viví de chico se inundó, y se derrumbó parte del cerro. En el cerro enterrábamos a nuestros muertos. 

Papá siempre había dicho que había que enterrarlos en otro lado, pero lo decía bajito. En el pueblo les gustaba quedarse a la sombra del cerro y mirar para arriba y ver las cruces recortadas contra el cielo. Ahí donde estábamos, parecía que ellos también nos miraban.

Papá decía que no estaba bien porque a esa ladera del cerro le llegaba poco sol y mucho viento y no crecía nada. No es que se hubiera imaginado lo que pasó, nadie hubiera podido imaginárselo: vino una sudestada fuerte, aunque nuestros vientos son del norte, y el agua saturó la tierra y parte del cerro se cayó sobre el pueblo. Eso fue lo que pasó esa vez.

La pendiente estaba pelada pero era suave, no nos hundimos. El pueblo se inundó, las casas, pero solo hasta nuestras rodillas, y el cementerio se metió entre las calles del pueblo y veíamos cajones de madera entre el agua turbia y no sabíamos qué hacer.

Papá dijo que teníamos que llevarlos de nuevo al cerro. 

La inundación fue tres años después de la caída de Matías, tres días después de la Misa en su memoria.

Matías tenía un año menos que yo y siempre quiso ser santo.

Cuando era chiquito y se caía y las rodillas le sangraban, no lloraba. Se arrodillaba sin temblar y lo ofrecía al cielo. Cerraba los ojos y mamá no me dejaba interrumpirlo. Mamá le preguntaba por qué intención había ofrecido su dolor. Rezo por los pobres, decía. O por los enfermos, o por las almas del purgatorio. A veces no decía por qué o quién rezaba. Mamá después lo vendaba y le daba un beso en cada rodilla.

Matías era feliz pero quién querría ser feliz como él, yo no. Ni siquiera cuando lo vi en su primera comunión, casi desmayándose en su asiento, con los ojos muy cerrados y las manos apretadas, rojas y blancas. Pocas personas vieron algo como a Matías arrodillado en la capilla, no lo vieron sus compañeros que pensaban en el merengue de sus tortas y sus compañeras que se arrodillaban con cuidado para no arrugarse el vestido. Matías en un presente tan intenso y concentrado, un punto en el tiempo y en el espacio tan real, tan adentro de su propio cuerpo que se hacía casi eterno.

No sé si Matías nació para ser cura, como decía mamá. Ni siquiera sé si rezaba. Matías lo único que hacía era cantar, a veces, y en público solo cuando se lo pedían. Cantaba bien. Tenía la voz finita, casi de mujer, muy firme y muy clara. No sé si la voz le hubiera seguido igual cuando creciera.

Todos decían que había olor a santidad cuando Matías se murió. A mi no me dejaron entrar al cuarto, así que no sé. Vi sus sábanas, alguien las había enrollado y metido en un rincón de su cuarto vacío. No olí flores, solo sangre. La santidad huele a flores, todos lo saben. 

En su entierro su cajón estaba cerrado, porque el corte que Matías tenía en la frente o la boca era grande. Pero todos estaban seguros de que era santo y lloraban y sonreían y le daban besos a la madera del cajón hasta que quedó empapada de saliva. Y decían que Tata Dios Pater Señor iba a preservar su cuerpo hasta el día del juicio. Dios tiene esas cosas con algunos santos, les protege el cuerpo y no deja que se corrompa. El curo había ido a Italia y vio el cuerpo de santa Clara de Asís, y dijo que era lindísima.

La noche después de la inundación tuve el primer sueño del que me acuerdo, antes de eso nada. En mi sueño el cuerpo de mi hermano pasaba por el arroyo que se había formado en nuestra calle, vestido con su ropa de comunión y éxtasis y entierro. El cuerpo estaba hundido en el barro, cubierto por agua, pero iba avanzando a pesar de las ramas y hojas que se le enredaban, y orillaba en la puerta de casa. Y su cuerpo estaba igual aunque mojado y Matías estaba como dormido. Como si siguiera ahí adentro.

Cuando me despertaron todavía estaba oscuro, así que tuvimos que esperar hasta que el gris se hiciera menos denso. Los muertos estaban entre nosotros, el aire estaba descompuesto y cálido. Hay que ir ahora antes de que se ponga a llover de vuelta, dijo papá. Y agarramos las palas y la red de trasmallo, lo que teníamos.

Íbamos tranquilos, el viejo y yo. La gente nos ofrecía cigarrillos pero pocos se unían a ayudarnos. Yo buscaba a Matías.

Encontramos pedazos de cuerpos, y pedazos de pedazos de muñones. Y también huesos muy blancos, envueltos en telas delicadas, irreconocibles. Los agarramos con cuidado, tratábamos de juntar los retazos de personas, pero algunos quedaron medio mezclados. Los volvimos a enterrar, eran como cincuenta.

Matías no estaba. La lluvia y el viento no lo sacaron de la tierra.

Mamá dijo que mejor pero no sé si lo pensó de verdad.

Matías, perfecto y blanco y lindísimo. Matías que no nació para ser cura sino para morirse por caerse de un árbol inocente.

Mamá dijo que nos cuida desde arriba.

Matías desde arriba y su cuerpo ahí en el cerro de donde no salió ni para despedirme.

Yo quiero que mi cuerpo se corrompa y se separe y se haga pedazos, después huesos y después polvo y después nada.

Todos vamos a resucitar el día del juicio final, dicen mamá, y papá, y el cura, y los vecinos. Se sabe que Dios va a formar nuestro cuerpo de nuevo en el fin de los tiempos.

Nuestro cuerpo glorioso se va a unir con nuestra alma de nuevo.

Matías y yo nos bañábamos juntos siempre. Matías siempre me dejaba sentarme del lado de la canilla, donde el agua salía más caliente. A veces jugábamos a escupirnos. Me acuerdo de Matías desnudo, la piel brillante, el pelo cayéndole en la frente, las gotas de agua en las pestañas. Hasta yo, su hermano un año y medio mayor, veía su gloria.

Matías un día me agarró las dos manos, las juntó y les dio un beso.

Ahora en cada una de mis manos hay dedos y eso no deja de sorprenderme. Pero un día mi alma se va a ir y los dedos se van a desprender y va a dejar de ser una mano y Matías no va a haber besado más que carne podrida y después huesos y después polvo y Matías no va haber besado nada. Pero su cuerpo va a seguir arriba, sus labios inútiles y perfectos besándose nada más que a sí mismos.

Su cuerpo es mucho más hermoso que el crucificado casi tan desnudo como él, ante el que se arrodillaba. Un crucificado bañado en cera, que todavía está colgado ahí arriba, en la iglesia. Un crucificado de yeso y cera, de sangre y pelo y músculos pintados que un día se van a resquebrajar y caer. No es incorruptible como el cuerpo de Matías en su tumba fría lavada por la tierra. Lo que fue el cuerpo de Matías ahora no crece ni se pudre ni cambia.

Cuando Matías comulgaba, el cuerpo y la sangre del crucificado estaban dentro de él, y Matías era más el verdadero crucificado que el que colgaba del techo.

Me gustaría morirme y que me entierren en la parte más iluminada del cerro, y que mi cuerpo y el de Matías se pudran juntos y se mezclen en el barro y el agua. Pero Matías no se corrompe y yo no me muero. Solo puedo comulgar y acordarme del cuerpo y la sangre del crucificado, un solo cuerpo y una sangre, que estuvieron en el cuerpo de Matías y ahora están en el mío.


We should invert our eyes and practice a sublime astronomy in the infinitude of our hearts, for which God was willing to die … If we see the Milky Way, it is because it actually exists in our souls.

Léon Bloy, as quoted by Jorge Luis Borges in “The Mirror of Enigmas,” Labyrinths: Selected Stories & Other Writings (New Directions, 1964)

(Source: memoryslandscape)


No nos situamos nunca en el tiempo presente. Anticipamos el porvenir como si llegara demasiado lentamente, como para apresurar su curso; o recordamos el pasado, para detenerlo por ser demasiado rápido: tan imprudentes, que erramos por tiempos que no son los nuestros y no pensamos en el único que nos pertenece, y tan vanos, que nos ocupamos de los que ya no son nada y dejamos escapar sin reflexión el único que subsiste. Ello se debe a que, generalmente, el presente nos hiere. Lo apartamos de nuestra vista, porque nos lastima; en cambio, si nos resulta agradable, nos lamentamos al ver que se nos escapa. Tratamos de sostenerlo mediante el porvenir, y pensamos disponer las cosas que no están en nuestro poder para un tiempo al que no tenemos ninguna seguridad de llegar. 

Examine cada uno sus pensamientos: encontrará que todos están ocupados por el pasado o por el porvenir. Casi no pensamos en el presente; y, si pensamos, sólo lo hacemos buscando en él una luz para disponer el porvenir. El presente nunca es nuestra finalidad: el pasado y el presente son nuestros medios; sólo el porvenir es nuestro fin. Así pues, no vivimos nunca, sino que esperamos vivir; y, porque siempre nos estamos disponiendo a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca.

Blas Pascal, Pensamientos